Hoy no se puede mantener al consumidor bajo un influjo por más de unos minutos u horas  en exclusiva, ni si quiera los que tienen miles de páginas de literatura dedicadas a su trabajo salidas  de sus propias manos o del apóstol de turno…. el consumidor se ha vuelto promiscuo, devora contenidos de tal forma y variedad, que no da espacio para que le “cuenten” lo que ve.

Podemos ramificar nuestros argumentos y cargarlos de troquelados barrocos, reconducirlos para llevarlos por senderos renacentistas, hacer sutiles abstracciones surrealistas, relatar delirantes rasgos de carácter y circunstancias que convertirán a nuestro hidalgo caballero en el Peter Pan fotográfico, al que las trompetas de la cabalgatas de las Walkirias deberían preceder su paso… Pero la realidad se impone y el contenido literario e informativo relacionado con la fotografía en el siglo XXI, parece una bolsa de basura que huele mal y que genera y aporta  poca audiencia  e interés.

 

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