La colectivización del arte ha sido durante mucho tiempo, uno de los escollos más importante para su pluralidad y diversidad. Este mecanismo terminó deslegitimando al arte y sus colectivos a pasos acelerados durante el siglo XX llegando al XXI en KAO técnico.

Si adoptamos la idea de que cualquier expresión artística nace libre de forma individual o si acaso armonizada con alguna tendencia, llegaremos a la conclusión de que su colectivización o la agrupación de sus desarrolladores bajo estructuras de tipo social y comercial, es en si mismo, una perversión de su origen y contenido.

La estructura social de los colectivos artísticos, asumieron todos los roles del resto de agrupaciones jerarquizadas implantadas en la sociedad. Hay un concepto general, un interés común, unos objetivos a conseguir, una dirección e incluso en algunos casos  seguir una tendencia política, ya que para transcender y conseguir sus metas necesita a menudo de otros estamentos, que poco o nada tienen que ver con ellos, pero que les son fundamentales para sus propósitos. Esta mecanización e instrumentalización minimiza al individuo y su lenguaje y lo somete a un grupo en pos de unos beneficios personales, que tienen relación directa en la mayoría de los casos, con la mercantilización del hecho artístico y su difusión. Todo esto lleva a los artistas a una competitividad más de tipo social, que a lo que estrictamente creativo.

Con la llegada del siglo XXI e internet, la colectivización del arte parece se difumina, cada individuo tiene los medios suficientes para exportar su discurso sin necesitar más apoyos, de hecho la tendencia es a la disgregación. Los colectivos hoy no tienen ni peso ni fuerza ni si quiera parecen interesar, en algunos casos incluso son tratados como estigmas del pasado, pues siguen padeciendo un interés propio que pretende ser jerarquico sobre el resto mediante la suma de fuerzas, algo que difícilmente puede gustar a los que están fuera e incluso y lo que a la postre  ha sido  decisivo… al propio consumidor, que también ha ido incorporando una tendencia, a no ser dirigido, por un agente externo.

Hoy, esta necesidad por agruparse ha quedado relegado a un mero título, o como hoy se le llama en las redes sociales: Tag o etiqueta y la de los consumidores a lanzar búsquedas sobre ellas.

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