Y antes…siempre hubo clases y algunos las echan de menos.

Dicen que antes habían referentes, que habían pocos… pero marcaban las referencias. Tras soltar esta cochambrosa afirmación se quedan la mar de tranquilos dándole un manotazo de compadreo al clasismo en esta puro.

Para aquel que todavía necesita que alguien purgue la paja del grano, para aquel que quiere que le presenten el plato con un cicerone que rubrique su torpe criterio y gusto, para aquel que se refugia en lo sufragado por el negociante, no queda más remedio que la desesperación… la desesperación al haber perdido al faro de Alejandría que iluminaba sus ansias de saber a ciencia cierta, lo que no puede conocer por experiencia propia… el aparentar que SE se terminó y de nada sirve extender la sospecha sobre todo aquello que se  escapa al control del autoproclamado consejo rector. 

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