Hoy en día se ha abierto un debate sin precedentes por averiguar y divulgar lo que un fotógrafo lleva en su mochila. La mochila se ha convertido en una especie de chistera mágica, donde el fotógrafo coloca cuidadosamente todas sus intenciones, energías y prejuicios de igual modo que un torero coloca sus amuletos frente al espejo mientras se viste…esperando que quizá la virgen o algún santón se le aparezca de modo fantasioso durante la jornada y se le cuele por su amuleto que pasará en ese momento a ser divino y darle al poseedor cualidades mágicas…cualidades que muchas veces vienen impresas en la caja de la cámara o en los mecanismos de marketing oportunos.

Por más que uno sienta que personaliza con los pequeños detalles su herramienta y con ello sus fotografías, con cada elección dada se da un paso atrás en su libertad como fotógrafo, que irá delegando en razones esotéricas lo que debieran ser sus prioridades más importantes.

La prioridad del fotógrafo está en lo que no es mecánico, en lo que no tiene algo que ver con una cámara de fotos.

Es ahora, cuando la tecnología nos ha hecho más libres, cuando todos están más encadenados. No soy lo que fotografío.. soy “con” lo que lo fotografío y mis fotos son buena muestra de ello.

Valencia 2015