El arte está enfermo, casi muerto, parece un chiste al que recurrir cuando algo es ridículo o incomprensible, cualquier cosa que pretenda estar relacionada con el arte o lleve impreso sus siglas será pronto mirado con recelo y desconfianza.

El arte ha sido considerado siempre como algo que evolucionaba al mismo ritmo que lo hacía el hombre. Pasamos de crear objetos de piedra y pinturas en cuevas, a edificios de cientos de metros de altura con composiciones imposibles o graffiti pintados en las paredes de las calles más destartaladas. Todo esto siempre ha sido estudiados por todas las mentes “inquietas” desde filósofos a científicos,pocos en la historia  se han privado de ensayar sobre los avatares del arte desde el principio de sus días hasta hoy,  se a diseccionado hasta el detalle más imperceptible. Y entiéndase el hasta  “hoy” por un tiempo definido entre el nacimiento del primer objeto artístico más primitvo hasta un tiempo de no menos de 100 años, donde el arte ha pasado de crecer exponencialmente a comenzar una caída lenta pero libre hasta su lado más oscuro, que pudieran ser estos tiempos de hoy, en los primeros del siglo XXI. Y no digo con ello que haya desaparecido su presencia y ni mucho menos mermado su capacidad de evolucionar,  lo digo en cuanto a lo relacionado con la percepción que la sociedad tiene de el.

El arte existe… si, evoluciona hoy en día también, pero llega al público por unas leyes que no son las propias de siempre. Ahora es parte de la ingeniería de modelo comercial y social  del siglo pasado y no como objeto de estudio y recreo de la evolución del hombre. El arte se encuentra prostituido al mejor postor  y cuando eso ocurre, las lógicas que lo mueven empiezan a pervertirse. Si lo que triunfa es la explotación como producto de consumo y este se debe a sus métodos de siglo XX, el arte de hoy solo es una caricatura más o menos vestida para la ocasión y con un precio asequible al publico que va dirigido. Hay disciplinas más elitista y otras menos, todo estratégicamente posicionado para hacer negocio con el y basando el criterio en  las leyes de mercado y ritmo de negocio puedan soportar, nada más que eso… el contenido es completamente irrelevante, tan fácil es vender a una cantante que se ponga un traje con carne de ternera a 15 euros el CD, como una fotografía de un supermercado vista desde arriba por algunos miles de euros, todo es cuestión de saber que es lo que “vendo” y a quien se lo “vendo”, la industria: críticos, Merchant, galerías, instituciones y marketing, hacen el resto.

Todo este empobrecimiento del método artístico y su vulgarización solo hace que romper la conexión con la sociedad e incluso con los artistas. El tiempo y los hechos van minando el sentido de las palabras y las que ayer tenían una poción convincente y seductora, pasa a ser en un zumo de agua sucia con química muy adictiva, pero sin sustancia. Esta frustración termina minando a la sociedad, que perderá el sentido histórico de la palabra y terminará trasladando  nuevos sinónimos hasta no hace mucho ajenos  a su contenido.

¿Dónde está el arte como el de antes hoy? En la calle en forma de Graffiti, también en Internet esparcido sin orden ni concierto y que se muestra gratuito, con artístas descondidos que se avergüenzan de que lo que hacen sea relacionado con el arte, por que son ellos más que ningunos los que lo desprecian la vulgarización de la palabra. Por eso lo hacen libremente, sin tasas, sin estrategia comercial, sin personalismo, sin exhibicionismo, ocultado la identidad de su autor, parece una copia exacta a la antitesis del ARSTISTA de hoy por excelencia y tristemente reconocido. Ahí escondido y con esas premisas se encuentra el verdadero arte de estos tiempos, aunque  ya incluso esta reacción, se haya utilizado como novedosa herramienta de marketing.. el negocio no para y devora el arte hasta asfixiarlo cada vez que un brote sin apenas madurar, aparece para desafiarlo.

La utilización del “modelo” Banksy en el artículo solo es un ejemplo, no necesariamente como un referente.

runk