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En el modosito mundo mercantil de cámaras digitales, regentado por buitres dispuestos a vender hasta al mismísimo diablo si se le puede sacar dinero, apareció un día una cámara casi cómica  llamada V1 , que  pretendía introducirse en el nuevo sistema sin espejito a modo de misil sub atómico directo al nicho evolucionado por el resto de fabricantes, algunos de ellos venidos del mundo de la TV y las consolas. El hermano grande quería desplegar su arsenal con su propia filosofía en un territorio ajeno hasta ahora.

El atrevimiento de la v1 fue poner un sensor más pequeño que el resto de fabricantes, esto parecía ser una losa que soliviantó a propios y extraños, de pronto… las  Cenicientas se miraba en ese espejo “sin espejo” y se veían pequeñas y se preguntaban: ¿Voy yo tan grande a poder verme en algo tan pequeño?…

…Seducido por su atractivo precio y aburrido del aquelarre nauseabundo que durante años habían sometido el mercado a mi pequeño cerebro de cámaras capadas de visores, grandes y lentas, me decidí a dejar colgada después de seis ilusionantes años a mi vieja cámara digital… y la elegida no era otra que ese injerto que parecía no gustar a nadie.

Cuando la compré la miraba casi risueño, pensando… que aquel pequeño aparatillo me serviría para alimentar el “mono” de una nueva experiencia fotográfica por quizá un no muy largo espacio de tiempo. Pero pronto las bofetadas fueron llegado una tras o otra a mi descompuesto rostro. Resulta que la pequeñita era un portento de rapidez en todos los campos.. ráfagas, enfoque, grabación en tarjeta, además se podía manejar con una mano y disimulaba en ella, era como no llevar cámara… . Muy pronto vi que ya nadie me miraba cuando hacía una foto.

Y así empece a explorar las facultades de aquel pequeño lince, que se maneja por las calles con una astucia desmedida, no era yo.. era ella la que me escondía de todos… empezó a enseñarme donde se agazapaban sus presas… esas que necesitan  que estés cerca y en continuo movimiento para poder ser cazadas con los dientes… de pronto vi como mi cara dura para disparar en las mismas narices de cualquiera estaba llegando a límites insospechados y eso con un distante 27 mm… No fui yo.. fue ella la que me llevó al instinto más básico dentro de la fotografía: la caza con cuchillo en los dientes.

….y es ahora, después de dos años y cuando la rutilante y continua pregunta: ¿haces fotos siempre con la misma cámara.. con la v1? es ahora cuando el silencio como respuesta parece alimentar el miedo del que la formula, esperando quizá como respuesta que le saque del terror: Los exif adosados a las fotos están colocados de forma fraudulenta.

En este “nuevo” mundo fotográfico, donde las cámaras parecen convertirse en el auténtico leit motiv de la materia, donde las parrafadas y las soplagaiteces inundan la red a modo de burdo escaparate publicitario… es ahora precisamente, cuando la “evidencia” aparece más deformada que nunca.

Historia contada de forma fabulada

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