Ninguna cámara puede “suplantar” o “inventar”,  el más simple chispazo neuronal del que fotografía. El mundo del mercado de las cámaras digitales me recuerda cuando de niño,  me contaron la historia del  Becerro de Oro.
Sin tratar de ser Moises, pero más bien horrorizado por la falta de  fe en el propio humano, me viene esa imagen de  Dark Vader apretando la garganta del incrédulo mando imperial: Su carencia de fe resulta molesta.

Valencia 07/2012