En esta serie:  Los carretes de mi padre, hay una foto que me ha hecho imaginar más que ninguna otra, una vivencia que no he tenido, pero que fantasiosamente casi puedo imaginar, como una realidad vivida en primera persona. Quizá potenciada por conexión de cercanía familiar al conocer al autor y su entorno y siendo además este entorno y el ejercicio que ejecuta en ese momento tomando una fotografía, un  camino paralelo a algo que yo hago de una forma continua.

Las mismas calles, el mismo ejercicio y ese factor genético desconocido que puede ya sea imaginariamente o no demostrable científicamente tener un condicionante de peso.

Quizá es por que muestra un hecho casi inaudito: una nevada que cuaja sobre la ciudad de Valencia, un hecho insólito para una ciudad que apenas vive a unos metros sobre el nivel del mar y que está acostumbrada a temperaturas suaves.

Es el 11 de enero de 1960 en Valencia, cuentan las crónicas que sobre las 10 de la mañana, empezaron a caer copos sobre la ciudad y a las doce ya era la nevada copiosa y se empezaba a acumular nieve por toda la ciudad. Imagino la sensación que puede provocar levantarse de la cama y ver como esta nevando en esta ciudad, imagino coger la cámara y asomarse al balcón por la emoción, cuando la situación pasa de ser algo curioso a algo completamente extraordinario.

Calle de la nave, 11 enero de 1960 Valencia.

Es la céntrica calle de la Nave, allí vivía entonces con sus padres, tenía 23 años. Son calles por las que yo transito con mi cámara años después, sin si quiera saber hasta hace poco la situación exacta del aquel domicilio, cuestión que tiene que ver siempre con la poca importancia que a veces se le da a los datos autobiográficos, donde los detalles casi ni importan…hasta que un día resucitan pasionalmente.

La instantánea me trae a la memoria París, será por que el archivo fotográfico de esa ciudad monopoliza la imagen urbana europea de aquellos años. La cuestión es que la fotografía se me reveló como una genialidad, es la primera que disparó aquel día y sin duda la mejor. Quizá llevaba conteniendo ya un rato la emoción dudando entre si sacar o no lo cámara, quizá sea por el enorme potencial inspirador que siempre tienen los días de lluvia o nieve o quizá por que a esas horas de la mañana en un día y lugar así, sea el momento perfecto para coger una cámara o tal vez es por ese individuo con paraguas, que junto con su sombra parecen congelarse en aquella esquina… pero la foto en cuestión me hace casi soñar con los ojos abiertos, dando pie a una fábula lírica y narrativa capaz de llenar unas cuantas horas de emoción, que parece no desvanecerse con el paso del tiempo.

Aquí otras imágenes posteriores del carrete de aquel hecho inusual y que muestran el itinerario de aquel día.

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Gracias por la ayuda para las localizaciones al foro Remember Valencia, un claro ejemplo de foro, donde el conocimiento de cada individuo conectado al resto, puede convertirse en una autentica biblioteca científica e histórica que no se encuentra en ningún otro lugar.