Desde que empecé con la fotografía, he trabajado con dos conceptos diferentes: la fotografía y la elaboración digital, son dos líneas que se golpean frontalmente sin mucho sentido. Son  discursos que aunque tienen el mismo punto de unión: la imagen visual, despiertan la curiosidad de públicos a veces completamente diferentes; por un lado los que consideran la fotografía como algo virginal que no debe ser manipulado y por otro los que encuentran en la manipulación una extensión de la creatividad y donde lo “real” no suele ser algo “extraordinariamente sugerente”

Es muy difícil que los clásicos se tomen muy en serio tu trabajo si manipulas, de hecho entre los más radicales hay una caza de brujas a cualquiera que se descubra que ha manipulado las fotografías. Por otro lado los “manipuladores” se muestran poco atraídos por el concepto de “fotografía clásica”, fácil de entender si tenemos en cuenta que la “evolución” es casi una regla en su patrón de trabajo. Pero todo esto no deja de ser una mentira, la manipulación existe siempre y la única cosa que diferencia a estos dos tipos de trabajo es su elaboración, pero los mismos métodos de trabajo valen para uno como para el otro y no se consigue ser mejor manipulando en la pantalla del ordenador que en el momento de la toma, ni se es más autentico y menos manipulador por no utilizar un ordenador para trabajar tus imágenes.

Habrá que pensar quizá que la cuestión tiene más que ver con un concepto de “gusto” que de “disciplina” no me gusta pensar que en realidad lo que estamos haciendo es una separación clasista entre “manipuladores de estudio” y “manipuladores del momento de la toma” o lo que es lo mismo: que algunos  quieren coronarse como virreyes creando separaciones y añadiendo muros donde no existen, quizá para poder aportar un “dudoso” extra en su trabajo.

Monilei 04/2012