Nos fijamos mucho en los detalles de la fotografía de los grandes maestros o los no tanto, pero poco en como acometen sus disparos, en parte por que no hay mucha información donde podamos verla y por otra por que vamos directos al grano, al hecho ya realizado y no lo que lo mueve.

Fotografiar se puede hacer desde dentro o hacia fuera, es como aquello del consciente y el inconsciente, es como hacemos todas las cosas en nuestro día, tomar decisiones con una mezcla de estas dos alternativas. Así no es raro que nuestro comportamiento y forma de ser sea un testimonio directo de lo que fotografiamos y como lo fotografiamos, a no ser que intentemos disimularlo, casi siempre anulando el inconsciente y trabajando desde el consciente. Para algunos tipos de fotografía, es mejor trabajar con el inconsciente.

Hay cosas que se pueden copiar, estilos, composiciones, reglas, pero solo copiando no es posible que las cosas funcionen, para que las cosas funcionen han de ponerse en marcha unos mecanismos que accionen correctamente las cosas, uno podrá mover las manillas de un reloj imitando su mecanismo, pero los plazos y la perfección del movimiento será sustituida por movimientos toscos e imprecisos, que convertirán al trabajo en algo estresante e insoportable. Si partimos de que todos tenemos un mecanismo único, lo interesante sería aprender a como engranar “eso”, más que a intentar imitar como funcionan los de otros.

Consciente

El que intente tomar atajos, a menudo se perderá de camino. El que  en su fin está el agradar por encima de todo, que coja el camino fácil… hacia la nada.

Inconsciente