Tras llevar más de cinco o seis años fotografiando el Barrio del Carme de Valencia y sus alrededores más próximos y tras haber pensado en más de una ocasión que no había ya más que sacar, me encuentro cada cierto tiempo que podría estar toda la vida retratando lo mismo, sin sentir ni más leve necesidad de cambiar, solo en  determinadas situaciones que más dependen de mi que del entorno, se divisa un hastío.

Cuando uno encuentra una formula mágica de disfrute personal, es difícil que algo te lo pueda arruinar y también es cierto que la capacidad de sugestión que provocan determinados “entornos” pueden ser fuentes inagotables de estímulos fotográficos, sin excluir ninguno, solo es necesario dejarse llevar por las peculiaridades de cada uno, ya puede ser un bosque… o un barrio.

Laberinto 03/2012