Cuando se repasan unos negativos antiguos conviene pensar muchas cosas,  no tiene casi nada que ver con lo que se hace ahora cuando se descarga una tarjeta de memoria, donde ya de entrada nos hemos cepillado y probado todo hasta la saciedad antes de retener la foto en la tarjeta. Hay que ponerse en  lo que suponía antes tirar un carrete de fotos y mas en los años 60, una serie única, irremplazable, en la que cada error se pagará con un gasto de dinero, una oportunidad perdida y donde el proyecto duraba en la mayoría de los casos, lo que duraba un carrete de 24 o 36 fotografías.

Así por ejemplo volviendo a los carretes de mi padre, nos encontramos con un fin de semana de pareja en el piso de unos amigos. Ya imagino eso de ser novios en 1960 donde darse un beso muy exagerado públicamente podía acarrear una multa, fotografiando, descubriendo la técnica fotográfica con poca luz y mezclándola con lo que se vive en ese momento. Mi padre ya llevaba dos o tres años con la fotografía y debía entonces disparar con la Voigtlander Vito, que todavía conservo y funciona perfectamente.

 Ahí va un resumen del carrete, contando una historia quizá verídica, quizá inventada,  pero que en suma define perfectamente lo que se ve en el carrete.

Fin de semana 1960
Fin de semana 1960
Fin de semana 1960

**