Uno empieza un día a tomar fotos y no sabe muy bien porqué, garabatea, hace los clásicos retratos y paisajes… pronto se cansa.. pero de cuando en cuando algo diferente  y bueno sale casi por arte de magia, como recompensa al empeño. Estas imágenes tiene su fuerte en el concepto de belleza más básico y fácilmente reconocible.

Con cada buena foto se  pone un peldaño y uno viene tras  otro… persistiendo incansablemente en la búsqueda de unas base que se va formado a golpe de intuición y con el sutil  poso de cada éxito logrado.

Llega un punto donde las imágenes,  se trasforma en algo confuso, la belleza ya no aparece de forma instantánea, aparece difusa tras una tela de araña, tela construida con un algoritmo que solo en un principio el autor conoce y disfruta, entonces es cuando uno se emancipa de la necesidad de gustar… y entonces el estilo ya sea atrayente o repelente, adquiere una identidad propia.

Lingerie y angulo 2012