Suele ser habitual cuando un cambio brusco transforma un elemento en concreto, pase largo tiempo hasta que todo vuelva a la normalidad.

Había una vez un mundo fotográfico, con sus concursos, con sus técnicas, con sus herramientas, donde todo era posible, donde las aficionados y profesionales trabajaban técnicas diferentes para sus fotos. Siempre existió el procesado en el papel, los tiempos de exposición en las reveladoras, los trucos para eliminar algunas cosas y tantas y tantas herramientas y trucos que eran aceptados y dignos de elogio por toda la comunidad fotográfica internacional.

En esto que llegó la era digital y lo revolucionó todo, para dar paso a una autentica caza de brujas. De pronto la manipulación fotográfica digital es un delito, los jurados de los premios fotográficos se creen Super Mario Bross buscando el acertijo del engaño, los profesionales se protegen de todos esos aficionados que en diez años han dejado su trabajo y aprendizaje reducido a escombros (muchos de ellos han sido incapaces de aprender a utilizar las técnicas digitales), una nueva hornada de salva patrias abanderan ahora una nueva Cruzada: La caza de la foto manipulada, o el desprecio en todos los concursos a estas técnicas que antes en la mayoría de caso no aparecían en las bases de ningún concurso de calidad.

Esto esta suponiendo un retroceso enorme en cuestiones de moral y ética, por no hablar de originalidad y modernidad, digámoslo claro:
Estamos asistiendo a una autentica y encarnizada busca de la “virginidad” al más puro estilo de la inquisición religiosa o de las conductas sexuales, donde se muestra un menosprecio hacía la historia de la fotografía y lo que ello supone, queriendo poner cinturones de castidad y llevando a la hoguera a aquellos que osan utilizar herramientas digitales para dar salida a su creatividad, a sus fantasía.

Quizá algunos piensan, que si algún día consiguen su propósitos y consiguen anular la capacidad creativa de los nuevos fotógrafos del siglo XXI, sus bodrios de fotos serán menos malas, cuando se quieran dar cuenta verán que sus propósitos han quedado en nada, no hay nadie capaz de parar la evolución, esto es una máxima incuestionable.