Hay determinadas imágenes que gustan siempre, estándares del gusto podríamos llamarlos. Uno se pasa la vida pensando como es la formula para que tu trabajo llegue de forma directa al que lo ve y que sepa inmediatamente excitar aquella neurona que convierte una foto en algo agradable de ver y de recrearse con ella.

En la fotografía de calle por ejemplo, a mi entender, esta formula vive en los personajes que se mueven en la foto, en retratar aquellos movimientos o detalles que hacen que una toma resuma una situación de forma fidedigna, de la forma  que tenemos de mirar a las cosas y al carácter que los fotografiados anónimos nos muestran en la foto. A  esto hay que sumarle el decorado y las situaciones “ideales” de los sujetos dentro del decorado.

Hay determinados movimientos  corporales que siempre muestran algo del elemento en particular y de todos nosotros en general y que por porciones de segundo asoman  a través de nuestros movimientos, si logramos captar estos momentos conseguiremos casi siempre una buena foto. Basta con mirar a la gente andando por la calle para descubrir a personas que muestran estos signos continuamente y otros que lo hacen de forma esporádica o de una forma mucho menos latente, si eres capaz de reconocer estas cosas cuando tienes el visor en el ojo, ahorraras mucho tiempo y disparos.

Por último esta la disposición de ellos en el decorado, ni que decir que en un decorado también hay lugares “perfectos” para nuestros personajes, fuera de ellos la foto perderá vistosidad a pasos agigantados y la imagen perderá mucho dinamismo aunque conserve las buenas predisposiciones de las que hablábamos antes.

En esta serie de fotos se puede ver en cierto modo estas cosas. La imagen esta compuesta de un buen  decorado  y dos elementos, una caminante y un perro que le acompaña. En las dos primeras tomas “la caminante” es la  que de una forma natural y continuada aporta la naturalidad necesaria para poder ser suficiente argumento, el perro acompaña pero su posición en el decorado no es buena, no rompe la foto pero tampoco la potencia lo suficiente. En la tercera foto, en tan solo unos instantes el protagonismo cambia, la paseante conserva su estilo y su buena posición, pero el perro entra en el plano aportando el protagonismo por su idoneidad gestual y su idoneidad de situación en el decorado, realzando el equilibrio visual y el contenido  argumental y sensitivo de la foto.

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En la fotografía de calle es muy importante no abandonar ni un buen decorado ni un buen motivo mientras tengamos tiempo de fotografiarlo. Lo que pensamos que esta fallando al principio puede resolverse dos segundos después, multiplicandos  incluso sus condiciones favorables.

Añadir por último, que lógicamente, estamos hablando de un estandar, mejor que todo esto  puede ser cuando una foto rompe toda esta norma  aquí explicada y de igual modo consigue  una foto asombrosa, aunque quizá entonces se pierda esa unanimidad de opinión respecto a la foto. Las reglas en la fotografía, están para romperlas.